Mendoza, tierra de la castración y la buena tortura
Sabemos que eso pasa…sabemos que los presos se matan entre sí; que los milicos cagan a palos a los pibes cuando están atados por la espalda a una ventana…sabemos que cualquiera tiende a aprovecharse de las situaciones de poder y si nadie nos observa y nos vigila somos potencialmente unos animales sádicos. Sabemos que el hombre es el lobo, y que no hay mucha esperanza después de Auschwitz o después de Cacheuta, de Boulogne Sur Mer, o de la cárcel de mínima seguridad San Felipe de donde es la filmación (las cárceles no tiene nombre, no se piensa una cárcel, se llaman como la calle en la que están, o la zona; las escuelas sí tienen nombre pero las cárceles que también podrían formar al ciudadano no tienen, no se funda una cárcel, sólo emerge y se esconde, por eso se le pone nombre de calle)…no hay esperanza después de ninguna vez que eso pasa, y eso pasa, porque una vez ya alcanza para saber que no debería haber nadie potencialmente bueno. Que si no se lo controla, el penitenciario va a cagar entre muchos a palos por la espalda a alguien que no se puede defender. Si alguno de ellos se detiene, deja de filmar, les grita a sus compañeros y hace una denuncia; bueno, eso sería una anomalía, una excepción, algo extraordinario. Lo común es lo otro, que se dejen arrastrar por lo fácil que es la desidia de la camaradería entre compañeros de trabajo cuando le pegan a un bocón atado por la espalda.
Ese milico tampoco es naturalmente malo, es un funcionario al que necesitamos para que funcione la máquina de reprimir pobres; hasta los progres más puros del mundo que siempre piensan perfecto, los llaman a los gritos si pasa algo; necesitamos a esos miliquitos, y los hacemos mierda con el laburo que tienen que hacer; no es un trabajo que pueda elegirse mucho tampoco, esos trabajos te eligen a vos, quien es verdugo posiblemente dice elegir sin poder elegir del todo…y esos pasillos, y las órdenes y el habitus de estar ahí no les debe dejar muchas opciones para no ser unos sádicos y ascender en la estructura de la cárcel. Entras al primer día y tus compañeros se portan así y ellos no van a decir nada y así funciona; la banalización del mal ponele, esa naturalización del aprovechamiento del poder…sabemos que esto pasa siempre en Mendoza, lo podemos adivinar parándonos enfrente de la cárcel Boulogne Sur Mer y ver los martes los familiares que entran con las viandas a ver a sus presos…cualquiera puede saberlo, lo sabemos, que adentro funciona así, pero ahora hay videos. Entonces la cosa existe más, la verdad es más intensa porque vemos en YouTube eso que ya sabemos todos.
Lo peor del video es lo que no se ve, el penitenciario que filmó toda la escena. El más culpable de todos ellos; los otros penitenciarios le pegan más fuerte al pibe atado porque el que filma filma; y la cámara obliga a los otros a actuar los golpes más salvajemente, a ser más histriónicos torturando al pibe. Posiblemente este video se exponga buscando un efecto político mezquino concreto, alguien lo encuentra, otro lo guarda hasta que sea necesario molestar a algún otro que se quiera fugar de este gobierno tan provinciano y derechoso (aunque este último haya declarado reciente que el matrimonio para las personas del mismo sexo es “una esnobeada porteña”) se usa para inducir políticamente a alguien, pero las torturas existen, está, pasa. Y ahora más porque hay un video, y si no lo hay pasa menos. Lo que mata es el video, lo que mata es la exposición y así si hay video, hay tortura y si no no. Lo sabemos igual pero importa más porque encontraron el video guardado en el teléfono de un sádico, y lo usan ahora. El peor de todos es el que filma, y aún más peor el funcionario que cajonea este video para usarlo extorsivamente contra el otro que se quiere ir; no sé si es exactamente así, pero si así es, el peor es el ministrito que deja a estos penitenciarios activos esperando el momento de jugar la prueba.
Si yo fuese el Estado, como puede ser por momentos un juez o un funcionario, intentaría que no se necesiten siempre imágenes para saber las cosas que ya sabemos. Y que no haya que liberar a un pibe que torturaron porque hay video y quilombito público, porque eso significa que no lo liberan si no hay videitos y quilombitos.
Y lo mismo pasa con el Cura Pato en Malargüe al sur de la provincia; el cura Pato sube al escenario interrumpiendo una humorada pícara sobre la educación sexual en un festival de pueblo. El cura Pato saca el micrófono al grupo Les Lutherieces que hace versiones de Les Luthiers y suelta su discurso; en la filmación se ve, varios aplauden (los que aplauden acá son los peores), el cura se va satisfecho, está contento con la repercusión nacional “fue un boom” dice y se posiciona como un referente de la oscuridad “No voy a permitir que ensucien mi castidad”. El cura Pato no la pone en paz, es cura, no comete el acto sexual libremente. Y todo el resto sí, porque de eso se trata entre otras cosas, de tener una libido, de coger que es tan lindo; mayormente un acto natural, sano, un acceso al placer en forma de liberación de dopamina. Pero el cura no, el cura no puede, él dice que el dios que se inventó dice que no puede ponerla, y por lo tanto nadie puede. Entonces vive escondido en su sotana, se permitirá algún rapto de lascivia cuando está solo, tocándose o tocando a alguien más. Después probablemente rece, implore fuerza a un dios que se inventó para aguantar la castidad, contenerse del dolor punzante de estar excitado al mango y no poder gritar de la liberación. No tolera que otros se toquen, que se cojan algunos, que se hable del tema, no debe aguantar imaginar a alguna de sus feligresas pidiéndole a su pareja que se la chupe, que un hombre bese a otro hombre, que dos novios cojan desesperados en un campito de Malargüe, que una mujer toque a su pareja y lo haga acabar porque les gusta…en fin lo doméstico del sexo…le da envidia al cura Pato, quiere eso que los otros tienen y que esos otros lo dejen de tener. Así nivela para el lado de la castración, para que todos sean igualmente de reprimidos. No sería casual que el futuro ex gobernador de Mendoza también sea de Malargüe y también quiera andar castrando gente; debe haber algo en el agua de Malargüe…
Se habla un poco de esto porque hay videos, entonces existe más, pero debe pasar mucho o siempre. Esto existe ahora porque hay un video, si no no existe aunque nos lo cuenten. Aunque se repita mil veces el gesto cagón de la banda Les Lutherieces que no se anima a decirle a Pato que el escenario es suyo y que se vaya al carajo con su moralina.
A mí me dicen que Mendoza es reaccionaria y no me la creo; como todas será, pienso; pero basta ver por qué se habla de la provincia en este primer mes del año para comprender que la fama es justa. Mendoza necesita un gobierno no conservador que le permita limpiarse, y quizás sea un bálsamo para la estructura provinciana reaccionaria. Un gobierno que represente la gran parte de la sociedad que no odia a los pobres ni especialmente a los pobres adolescentes, una sociedad que no le importa quien coge con quien mientras los dos elijan sin culpa. Un gobierno que se abra de gambas a recibir lo nuevo bien adentro. Amén.
Sabemos que eso pasa…sabemos que los presos se matan entre sí; que los milicos cagan a palos a los pibes cuando están
atados por la espalda a una ventana…sabemos que cualquiera tiende a aprovecharse de las situaciones de poder y si nadie nos
observa y nos vigila somos potencialmente unos animales sádicos. Sabemos que el hombre es el lobo, y que no hay mucha
esperanza después de Auschwitz o después de Cacheuta, de Boulogne Sour Mer, o de la cárcel de mínima seguridad San Felipe
donde es la filmación(las cárceles no tiene nombre, no se piensa una cárcel, se llaman como la calle en la que están, o la
zona; las escuelas sí tienen nombre pero las cácrceles que también podrían formar al ciudadano no tienen, no se funda una
cárcel, sólo emerge y se esconde, por eso se le pone nombre de calle)…no hay esperanza después de ninguna vez que eso pasa,
y eso pasa, porque una vez ya alcanza para saber que no debería haber nadie potencialmente bueno. Que si no se lo controla,
el penitenciario va a cagar entre muchos a palos por la espalda a alguien que no se puede defender. Si alguno de ellos se
detiene, deja de filmar, les grita a sus compañeros y hace una denuncia; bueno, eso sería una anomalía, una excepción, algo
extraordinario. Lo común es lo otro, que se dejen arrastrar por lo fácil que es la desidia de la camaradería entre compañeros
de trabajo cuando le pegan a un bocón atado por la espalda.
Ese milico tampoco es naturalmente malo, ese pobre verdugo al que necesitamos para que funcionen las cárceles; los progres
más puros del mundo que siempre piensan perfecto, los llaman a los gritos si pasa algo; necesitamos a esos miliquitos, y los
hacemos mierda con el laburo que tienen que hacer;no es un trabajo que pueda elegirse mucho tampoco, esos trabajos te eligen
a vos, quien es verdugo posiblemente dice elegir sin poder elegir del todo…y esos pasillos, y las órdenes y el habitus de
estar ahí no les debe dejar muchas opciones para no ser unos sádicos y ascender en la estructura de la cárcel. Entras al
primer día y tus compañeros se portan así y ellos no van a decir nada y así funciona; la vanalización del mal ponele, esa
naturalización del aprovechamiento del poder…sabemos que esto pasa siempre en Mendoza, lo podemos adivinar parándonos
enfrente de la cárcel Boulogne Sour Mer y ver los martes los familiares que entran con las viandas a ver a sus
familiares…cualquiera puede saberlo, lo sabemos, que adentro funciona así, pero ahora hay videos. Entonces la cosa existe
más, la verdad es más intensa porque vemos en YouTube eso que ya sabemos todos.
Lo peor del video es lo que no se ve, el penitenciario que filmó toda la escena. El más culpable de todos ellos; los otros
penitenciarios le pegan más fuerte al pibe atado porque el que filma filma; y la cámara obliga a los otros a actuar los
golpes más salvajemente, a ser más histriónicos torturando al pibe. Posiblemente este video se exponga buscando un efecto
político mezquino concreto, alguien lo encuentra, otro lo guarda hasta que sea necesario molestar a algún otro que se quiera
fugar de este gobierno tan provinciano y derechoso (aunque este último haya declarado reciente que el matrimonio para las
personas del mismo sexo es “una esnobeada porteña”) se usa para inducir politicamente a alguien, pero las torturas existen,
está, pasa. Y ahora más porque hay un video, y si no lo hay pasa menos. Lo que mata es el video, lo que mata es la exposición
y así si hay video, hay tortura y si no no. Lo sabemos igual pero importa más porque encontraron el video guardado en el
teléfono de un sádico, y lo usan ahora. El peor de todos es el que filma, y aún más peor el funcionario que cajonea este
video para usarlo extorsivamente contra el otro que se quiere ir; no sé si es exactamente así, pero si así es, el peor es el
ministrito que deja a estos penitenciarios activos esperando el momento de jugar la prueba.
Si yo fuese el Estado, como puede ser por momentos un juez o un funcionario, intentaría que no se necesiten siempre imágenes
para saber las cosas que ya sabemos. Y que no haya que liberar a un pibe que torturaron porque hay video y quilombito
público, porque eso significa que no lo liberan si no hay videitos y quilombitos.
Y lo mismo pasa con el Cura Pato en Malargüe al sur de la provincia; el cura Pato sube al escenario interrumpiendo una
humorada pícara sobre la educación sexual en un festival de pueblo. El cura Pato saca el micrófono al grupo Les Lutherieces
que hace versiones de Les Luthiers y suelta su dicurso; en la filmación se ve, varios aplauden (los que aplauden acá son los
los peores), el cura se va satisfecho, está contento con la repercución nacional “fue un boom” dice y se posiciona como un
referente de la oscuridad “No voy a permitir que ensucien mi castidad”. El cura Pato no la pone en paz, es cura, no comete el
acto sexual libremente. Y todo el resto sí, porque de eso se trata entre otras cosas, de tener una líbido, de coger que es
tan lindo; mayormente un acto natural, sano, un acceso al placer en forma de liberación de dopamina. Pero el cura no, el cura
no puede, él dice que el dios que se inventó dice que no puede ponerla, y por lo tanto nadie puede. Entonces vive escondido
en su sotana, se permitirá algún rapto de lascivia cuando está solo, tocándose o tocando a alguien más. Después probablemente
rece, implore fuerza a un dios que se inventó para aguantar la castidad, contenerse del dolor punzante de estar excitado al
mango y no poder gritar de la liberación. No tolera que otros se toquen, que se cojan algunos, que se hable del tema, no debe
aguantar imaginar a alguna de sus feligresas pidiéndole a su pareja que se la chupe, que un hombre bese a otro hombre, que
dos novios cojan desesperados en un campito de Malargüe, que una mujer toque a su pareja y lo haga acabar porque les
gusta…en fin lo doméstico del sexo…le da envidia al cura Pato, quiere eso que los otros tienen y que esos otros lo dejen
de tener. Así nivela para el lado de la castración, para que todos sean igualmente de reprimidos. No sería casual que el
futuro ex gobernador de Mendoza también sea de malargüe y también quiera andar castrando gente; debe haberalgo en el agua de
Malargüe…
Se habla un poco de esto porque hay videos, entonces existe más, pero debe pasar mucho o siempre. Esto existe ahora porque
hay un video, si no no existe aunque nos lo cuenten. Aunque se repita mil veces el gesto cagón de la banda Les Lutherieces
que no se anima a decirle a Pato que el escenario es suyo y que se vaya al carajo con su moralina.
A mi me dicen que Mendoza es reaccionaria y no me la creo; como todas será, pienso; pero basta ver por qué se habla de la
provincia en este primer mes del año para comprender que la fama es justa. Mendoza necesita un gobierno no conservador que le
permita limpiarse, y quizás sea un bálsamo para la estructura provinciana reaccionaria. Un gobierno que represente la gran
parte de la sociedad que no odia a los pobres ni especialmente a los pobres adolescentes, una sociedad que no le importa
quien coje con quien mientras los dos elijan sin culpa. Un gobierno que se abra de gambas a recibir lo nuevo bien adentro.
Amén.
