Aguafuertes

Jan 10 2011

El barrio es tranquilo, la cuadra cortada lo hace parecer aún más. No suenan micros, ni autos y alterar el camino de las cabras de la casa al trabajo repercute en el trato con los vecinos, se saluda a nuevos, se habla con caras que uno viene viendo hace años sin saludar. Una modificación mínima como el corte de la calle para repavimentar, altera las relaciones y cambia los recorridos de sociabilidad entre veredas. No somos nada al final. La calle entonces estaba desierta cuando se escucharon los gritos el mediodía del último día del 2010 y todos los vecinos salimos presurosos a ver el patético espectáculo en el medio de la calle cortada por repavimentación; el cafiso tiraba de los pelos de la mujer con las piernas sangrantes mientras con la mano izquierda apuntaba una piedra del tamaño de un pollo a su cara. La imagen quedó congelada en la miráda incrédula de los vecinos que iban saliendo de sus casas o asomaban por las ventanas. El cafiso tomó nota del público y se alejó hacia la esquina gritando a la mujer, ¡Te dije que fueras a buscar los lentes!, lo que supongo es una metáfora que usa fuera de la casa para decir otra cosa. Las mujeres del barrio fueron a socorrer a la mujer de piernas sangrantes que lloraba y gemía; los varones nos agrupamos automáticos midiendo la espalda del cafiso que ya se escondía en la casa de la esquina. No nos animamos a darle una paliza porque se sabe, el cafiso es cafiso, pegarle es asegurarse una reacción de mafioso. Torpemente llamamos a la policía exagerando el relato, la policía vino, tocó timbre, y se fue sin poder hacer mucho más. Ningún vecino se animó a dar la denuncia con nombre, y ahí terminó todo. La mujer se fugó a la casa de la madre según le dijo a las compañeras que salían a consolarla de la misma casa donde entró el cafiso. Los vecinos nos metimos a pensar en la cena de fin de año y se acabó el problema. A esa mujer la van a matar, o vive su muerte todos los días, el cafiso por mientras sigue viviendo en la casa de la esquina. No se puede hacer mucho, aunque sepamos que esa mujer de las piernas sangrantes atendía hace poco la estación de servicio, era flaca hermosa, y tenía una vida que ese hijodeputa le cagó. Va a estar muerta, o mal herida, o vive muerta hoy amenazada por ese matón de barrio que vende algo de droga y regentea unas putas. Es un mediocre, como todos los tipos que repiten el negocio del padre sin ninguna diferencia, su padre también fue un cafiso, y él posiblemente sea un hijo de puta en todo sentido. La van a matar todos lo sabemos, ojalá que no, pero si apareciese muerta a nadie le sorprendería después de la escena de fin de año. Qué inútil es saber algo de antemano cuando mucho no se puede hacer más que contarlo en la mesa o escribirlo por acá. Días depués creo que los vi entrando juntos a la casa como una pareja aparentemente apacible y de buen humor hablando en tono normal. Cafiso y mujer de piernas sangrantes, se veían calmos, me tranquilizó e indignó a la vez. Va a terminar muerta y quizás ella tampoco pueda hacer nada con saberlo.

F, nuestro compañero de trabajo que cuida los autos en la calle de la oficina, salió de la cárcel. Lo habían metido por una denuncia inventada y se comió unos meses. Está feliz por el sólo hecho de estar en la vereda, el precario e injusto trabajo de cuidar los autos de esta cuadra ahora le parece un lujo después de haber vivido unos meses en la penitenciaría mendocina. En Mendoza la superpoblación carcelaria pica en punta, sólo disputada por las cárceles de provincia de Buenos Aires. El apuro por meter delincuentes de poca monta sigue en alza, entonces meten hasta el límite de la física a tantos presos como entren en los imposibles calabozos. Los derechos humanos para los presos son una excentricidad, esto cualquiera lo sabe, pero que te cuente F en primera persona cómo se tuvo que parar de manos con los Pluma que lo querían tener de Gato, lo pone en situacións. Mi pregunta burguesa es tan inocente, ¿Te tuviste que agarrar a trompadas?. Me responde sin ufanarse, No…facas, lanzas, espadas, las escondíamos abajo del colchón y se pudrió todo en el ALA para que no hayan Gatos entre nosotros…sobre todo se arma después de las visitas. Yo repito mi miopía burguesa, Claro por la mercadería, Noooooo, por la merca y las pepas que le pasa la visita, quedan re locos y se pudre en la noche, facas, lanzas, de todo, pero nadie se hizo el Gato al final… Asiento con la cabeza como si supiera de qué habla. A la noche, tirado en la cama quejándome por el calor imagino cómo será dormir en ese agujero perdido de la Constitución, ese accidente del sistema. Al otro día me encuentro a F en la mañana y le pregunto si puede dormir, me dice que más o menos, que está saltón con cualquier ruido. Si no existe mínima posibilidad de resurgir desde un error ¿cómo pretendemos combatir la inseguridad seriamente? Es tan básico que me siento estúpido sólo al formular la pregunta. Me acuerdo que hace muchos años, como diez, teníamos un programa de radio en la FM de la UTN y nos llegaban a veces cartas de presos, hubo uno con el que hicimos más relación, alguna vez le llevamos al penal cosas que acercaron los oyentes a la radio,  no me dejaron darle una radio chiquita china que donó un oyente, una radio nueva con 4 pilas nuevas. No me dejaron dársela porque tenía casetera que sé yo; asi que me la llevé a mi casa y la dejé en una repisa donde todavía debe estar; una vez desesperado no me acuerdo por qué apuro eléctrico le saqué las 4 pilas buenas que tenía, casi lloro de la culpa pero lo hice igual. Ese preso, nos enteramos después, se terminó suicidando en la cárcel, o eso decían los diarios, él nos mandaba cartas de caligrafía excelente y exagerada donde nos contaba que lo iban a matar. Cuando me enteré del supuesto suicidio busqué la carta de nuevo y la leí, me pareció inútil que el pobre tipo buscara algo de ayuda en nosotros, éramos unos nadies en una nada de radio los lunes a la medianoche…supongo que toleraba nuestro programa rústico e improvisado debido a su grandísima soledad. Otro dato que uno conoce inútilmente, esa gente está muriendo todos los días, los martes a la noche después de la visita un poco más.

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