Gracias Néstor, de verdad

Nov 27 2010

Mierda dios, no existís, pero si existieses ¿Qué te pasa? Murió Kirchner increíble, la mañana del Censo, fue recién eso; el humano medio vive su día de trabajo, calcula el miércoles feriado por el Censo entonces el lunes trabaja un poco, el martes hace algo y ya sale a la noche, pensando en que mañana es censo. Y acá estamos miércoles 27 de octubre recién despiertos con el teléfono insoportable a las diez de la mañana, para decirme con la voz de mi hermana Marita: Boludo, se murió Kirchner. Televisor, cartel rojo, me siento en la cama y a meterme en las pantallas a llorar información. Se murió Kirchner, recién. Lloro sin entender por qué, la censista subiendo por la escalera, las respuestas, 10 minutos, la censista no quiere tomar ni comer nada, yo tampoco. Llamaditas y mensajes histéricos. Se murió Kirchner, ahora qué hacemos; lo único que se me ocurre es estar lo más cerca posible y ya. El camino al micro, el viaje accidentado con el micro prendido fuego roto en Rufino, subir a otro con Farías; hacer 500 kilómetros parados, turnándonos el único asiento con el de adelante roto; media hora cada uno, yo me hacía un poco el boludo, calculaba 40 minutos, me dormía de a ratos, con el ruido la queja el calor el frío, el Censo, se murió Kirchner, de verdad se murió Kirchner, llorando en los sueños por la muerte imposible me despierto en el micro dándole el asiento a Farías, intento dormir parado (eso es imposible) pensando despierto en la muerte. Estación, nos choreamos La Nación, con Farías repasamos a Sarlo, Lanata, Morales Solá; todos dicen lo mismo mejor o peor; no dicen nada, lo obvio que Kirchner fue un líder, que ahora muerto, que ahora qué hacer, que ya fue el modelo, Respeto, Gobernabilidad, Moyano, Scioli, Poder, Cristina, Partido, Gente, Líder; me asombra un poco en Sarlo lo mismo que a Feinmann lo conmueve, ese reconocimiento al dolor de los compañeros…democracia, respeto, cambio (pienso también en una frase ingeniosa que le escuché a Sarlo para describir al kirchnerismo y ahora describe la sobreactuación de civismo de La Nación “eso es como los pecadores que hablan de dios”). Llegamos viajando en esa fiebre de 6 horas, caminamos urgente a la plaza hablando por teléfono; en la plaza se olían banderas, la valla de la cola gigante, los gritos, el ruido (la muerte de Kirchner fue recién digo) Nos vamos a comer algo, hablo por teléfono con Fran, yo pretendía que nos encontráramos en Congreso, no sé por qué yo quería llegar hasta Congreso y hablar ahí con Fran, para revisar el edificio y comprobar que ahí no estaba el velatorio. Fran me dijo que me quedara quieto, lo esperamos con Farías cuidando la cámara gigante Nikon del hermano que manejábamos como podíamos, Farías ve primero a Fran y me dice: mirá el Fran Erian, sí boludo es el Fran, ¡Fran! claro, eran compañeros de la facultad, ¿Ves? ¡Todos conectados por las cañerías de estar vivos! Farías se encuentra con Fran antes que yo, y a mí me va a enseñar quién es Fran…esssssste Farías. Bueno, ahí comiendo, con Fran y Farías ese wok de verduras con arroz y las fotos de Alfonsín del bar ambientado para el velorio del ex presidente anterior; y ahí estaba naturalmente He-man y Charly, juntos todos, qué puede pasar, quién habló (esto fue recién como si me parara de la mesa para ir al baño y escribir) y pagamos y los otros se quedan comiendo, y bajamos a la plaza; Fran va a laburar, quedamos para más tarde como si fuese lo más normal del mundo (con Fran estuvimos en el Bicentenario entonces es natural despedirnos en cualquier esquina de Mendoza o Buenos Aires y encontrarnos de nuevo en los lugares a los que no hace falta ni preguntar si vamos) Con Farías damos vueltas y leemos el Página y dice bien lo que nosotros miramos, lo dicen hermosamente. Los cínicos no entienden eso, de alegrarse por estar de acuerdo, los cínicos Caparrós y otros así congelados en los noventa o antes; esa moda de canchero que nos hizo mierda y nos atrasó años, el humor permanente del jetón publicista que se las sabe todas y nunca sufre, o sufre siempre bien controladamente sin perder el temple; parece que no les gusta encontrar a gente que dice lo mismo, están en el juego de ser diferentes siempre, por qué no ser obvio con toda esa gente en la calle sentidos por lo mismo; emocionados en la plaza cantando en contra de nadie (porque Cobos es nadie) tratando de ver cómo nos organizamos aunque sea torpemente pero con buena intención, como apoyamos ese algo que hace que Néstor se mate persiguiéndolo.

¡¡Fuerza a todos!! dice el Página y a mí me hace llorar con la cerveza en esa vereda con un japonés borracho y un abogado de pelos largos grises borrachos; y nosotros borrachos por la sensación de estar ahí flotando en la imposibilidad de la muerte de Kirchner y también por toda la cerveza; un fantasma hermoso en su ausencia; empezamos a comprobar con tristeza que era imposible haber tenido un presidente que produjo en nosotros lo que Kirchner. Esa imposibilidad de tener algo en que creer, algo sagrado a perseguir; Kirchner es un consuelo justo para un conjunto amplio de personas que estaban hartas de no poder creer en ningún movimiento que los superara.

Los estúpidos que hablan de Dividir un país, no entienden que hablar de política o dios está prohibido porque implica reconocerse en una decisión, opinar, decir cosas, salir del esquema normal, pensar, decidir, equivocarse, mirar a los otros, interesarse por ese algo más que vive cerca ahora, formar parte de “organizar el porvenir”. Pararse en un lugar en un tiempo, para decir que Uno Está Acá, por lo tanto si uno se reconoce, si Uno Está Acá, no puede dejar las decisiones importantes en la voluntad de los otros; pensarse igual a todos en sus obligaciones y diferente a cada uno en como ejerce sus derechos, si a eso los ingrávidos ascetas le dicen estar divididos, en buena hora, a dividirse para ver qué cosas uno elige; eso lo produjo Kirchner, como parte representativa de un movimiento que se empezó a reconocer en la calle los últimos años; un grupo grande de personas que no guardó las cacerolas para agitarlas de nuevo contra el hartazgo a la YEGUA, aceptando morbosamente divertidos el mensaje de las corporaciones; los que dicen un País Dividido creen en la posibilidad de una gestión abstracta y pura que nos vendía la Alianza a la que asesoraba el publicista Agulla mirando lo que decía el biempensamiento. Posiblemente estemos divididos para bien entre los ascetas cómodos que compran el Marketing de la Indignación y toda esa otra gente que no se quedó en las cacerolas, y siguió más allá del Que se vayan Todos para pensar sobre la Cuestión Política, sobre las formas de intervenir desde el Estado para mediar entre la pulsión rapaz del mercado y el bienestar de una sociedad…una división entre cancheros que nunca pierden y gente que se arriesga a equivocarse.

Suena ceremonioso y absurdo tener que pensar estas cosas, pero acaba de pasar, uno es propenso a la nostalgia supongo. A querer agarrar algo de eso que se escapa como una hoja seca empujada por el viento en una calle de noche…las cosas urgentes de lo real permiten la cursilería supongo, atraviesa los estereotipos. Gracias Néstor, de verdad; sobra el de verdad pero el cinismo de hoy lo exige, subrayar con de verdad, para saber que esto es en serio, por lo tanto el resto mentira. Gracias Néstor, por hacernos saber que tenemos que seguir nosotros; perdón la cursilería, la no barrera de la ironía, pero alguna vez hay que no saber ser gracioso y hablar derecho. Hay que saber que ante un hombre al que le dicen que si no para se muere, y no para, y no para a pesar de estar de vuelta, y no para cuando ya sabe que está históricamente hecho, recibido de trascendente; entonces ese hombre, equivocado o no, no puede ser reprochable, porque se juega la vida por esa razón; ese hombre es sagrado; y yo no puedo ante eso no dejar la gracia por un rato para intentar decir qué pasó, que está pasando con Kirchner ahora que se acaba de morir. Porque…¿Desde dónde se tiene que hablar? ¿Por qué hay que asumir un rol, quién paga estas líneas, por qué escribir como si tuviese algo que perder?

Ya es tarde del primer viernes después de la muerte de Néstor. Imagino la cara de los que festejaban; mutando de la satisfacción del festejo de comprar algo rico para celebrar una muerte, a la impresión de haber subestimado un espíritu de época. La cara de descubrir un movimiento a futuro en esa porción de la sociedad que atraviesa el relato para sentirse participando de la historia; la preocupación al irse dando cuenta del espíritu de una multitud que si quiere y es eficaz en ese deseo, puede intervenir para protegerse; superar nuestros impulsos autodestructivos, nuestro sabotaje chanta, para llegar a un porvenir mejor organizado, un país. Se murió Néstor, recién. Una rara avis, un amigo de la escuela primaria pícaro inteligente ambicioso y sensible; un tipo que vivía el credo Dylan “para vivir fuera de la ley, debés ser honesto”; un maleducado feísimo simpático obsesivo; un bizco gigante angelical, imposible de evaluar por otra cosa que no sea su espíritu, nadie cuerdo lo hubiese querido por su facha; un hombre-idea en la imposibilidad de su cuerpo que llenaba los sacos sábana del disfraz de abogado del interior hechoenguita; un jodido por incorrecto para tenerlo de adversario, un tipo difícil de ver viniendo, sorpresivo, hiriente por su rareza ¿Qué es este abogado que habla pésimo pero transmite mucho, en pareja firme con un minón cuadro político irresistible? ¿Qué provocación a los clichés era ese conjunto Kirchner en el 2003? Un revolucionario contemporáneo, un representante del peronismo de izquierda con credenciales de abogado administrador que entendía cómo intervenir en los estamentos burocráticos. Un revolucionario en las antípodas estéticas de Manu Chao o el subcomandante Marcos ¿acaso los patriotas modernos no son agentes de la burocracia? De qué otra manera nos imaginamos la revolución si no es con esa realidad burocrática que exige el manejo administrativo del poder, la habilidad para comprender las tácticas administrativas que la maquinaria a vencer exige para poder transformarla; digo, los revolucionarios hoy en tiempos de democracia son abogados, como antes los imáginabamos militarizados; es esta la mutación de lo revolucionario, cambios por dentro del sistema, a la luz de lo público; sin trasnochadas, fusiles, pasamontañas ni molotovs de botellas de Absolut Vodka compradas en freeshops.

Kirchner fue un transformador inadvertido, sofisticado de analizar para los encasillamientos de la prensa que Fontevechia y sus proyecciones psicotizantes de escueladeperiodismo autoproclaman como propiedad; esos clichés tan noventa: modelo, empresario, peronista, menemista, periodista, socialista, escritor, funcionario, kirchnerista, macrista, sushi, pingüinos, progres; el blablableo que después los de a pie repetimos por inercia cuando intentamos definir rápido algo caótico; la prensa cool de los noventa ¡que mal nos hizo!, esa publicidad encubierta de relato que le comprábamos baratísimo en la alienación del consumo del dólar; los tótems berreta que erigimos como voz de la gente, la incorrección definida por ellos mismos de transgresión que nos creía rebeldes cuando reíamos de vergüenza viendo como el notero canchero hacía el ridículo con el negro menemista. ¡Son todos unos negros de mierda -nos decían- chantas, corruptos, asquerosos, ignorantes, tontos! que dejamos que tomen el poder para hacer un trabajo que nosotros los ciudadanos no queremos terminar de hacer. Delegamos el Estado en esos sinvergüenzas para respirar tranquilos la ambición Miami, la ambición rebelde de la Rolling Stone; que se hagan cargo otros, estamos hartos de la inflación y las noticias, parece que si no tocamos nada, y dejamos que el Mercado fluya, todo tiende al equilibrio conteniéndonos con la abundancia de las baratijas que cambiamos por voluntad. Esos tiempos fueron mutando en la insostenibilidad de la crítica indignada de los biempensantes, que de tanto odiar fácil la opacidad de la política se autoproclamaron nuestras referencias morales con el poder del Marketing de la Indignación. Al que los argentinos iban adhiriendo cuando las baratijas se desgastaban al ritmo de los productos de consumo; que esa tele, y ese auto comprados con la indemnización de YPF no duró más que un mundial; y ya no había más indemnización, ni trabajo, ni salud, ni educación; y había que Hacer Algo, pero para salir de ese relato no alcanzaba con parecer honestos, había que ser honestos y eficaces y valientes…e incorrectos; por eso los candidatos de laboratorio iban a fracasar en lo que se necesitaba para superar ese encasillamiento; esa forma “transgresora” de rebelarse de la situación superficial; transgredir sólo en las denuncias de las picardías de la administración del Estado por sobre la cuestión ideológica.

En un momento nos hicieron creer que no se podía hablar más de izquierdas, derechas, ideología; era algo superado que hasta el periodismo progre repetía (si definimos por progre a CQC) Es cierto que la incapacidad de la izquierda argentina para funcionar políticamente daba razones para pensar que no era posible otro proyecto político que la gestión pulcra. La exigencia era ser ágil, fluido, canchero, liviano y honestísimo; esto autorizaba a los promotores del Marketing de la Indignación para decir las cosas más dramáticas del mundo, siempre que respetáramos la tanda; encontraron un nicho de mercado en el nihilismo argentino, y eso nos hizo mierda para poder creer en algo, erosionó nuestra estima y como acto reflejo nos autoproclamamos tipos geniales con mala suerte para sus gobernantes. No se podía hablar de izquierda ni derecha, ni setenta, ni militares; excepto en el sentido nostálgico de leer a Galeano con una mueca de La Noche de Los Lápices versión Billiken: donde unos héroes hace muchísimos años atrás se inmolaron por una causa hermosa que ya no existe. Esa pose la reprodujo la vanguardia que el rock nacional nos metió hasta el cansancio del biempensamiento y el Marketing de la Indignación. ¡Váyanse a la mierda con el rock! -salvando la sagrada y auténtica poesía del Indio Solari- Todo ese cinismo canchero nos hizo mierda como sujetos políticos; ellos son culpables por venderlo, nosotros por elegirlo. Hemos pasado los últimos años consumiendo la cultura de lo divertido provista por la maquinaria idiota de las tendencias ¿Cómo encajar eso con la desteriotipación que implicaba analizar a Kirchner? esa mezcla inclasificable necesitaba mirarse sin las categorías miopes que veníamos sosteniendo; un valiente del mundo real, un revolucionario contemporáneo en lo sórdido de las cosas. Nada de marketing lo siento, a veces la gente real es así de fea y común; el mismo Néstor se asumía como “un hombre común con una gran responsabilidad”; esa rareza muy poco atractiva (que alguien  por favor imagine esta escena frívola como un argumento: ser el encargado de imagen del primer Kirchner) fue su principal fortaleza para poder ser una idea antes que una persona; atravesar ese empaque para no sospechar que esa persona posee alguna ambición hedonista en el poder…algo impensado en la resaca de los noventa. Un hombre idea dispuesto a morir, ninguno de sus críticos es capaz de lo mismo.

Ojalá que no nos cansemos de estar de acuerdo, que el rechazo frívolo de saberse popular no nos aleje por estética. Que se inaugure una etapa en la conciencia histórica y espacial que tienen las tragedias. Hay una especie de acuerdo no efímero para sostener una base de tolerancia al desprecio por lo humano; algo como un nuevo estándar por proteger el porvenir; eventos históricos de los que sería difícil volver, más allá de las personas. Hay en el aire de este eterno primer mes después de la muerte de Néstor, una inquietud fundante (se reconoce la expresión de deseo en la intuición) que nos aseguraría que es necesario intervenir por la política, actuar sobre las decisiones, sobre lo común a todos. Es doloroso tener que asumir nuestras obligaciones como ciudadanos, más de sopetón como pasa con lo urgente de la muerte; tener que hacernos ciudadanos mayores, actuar responsablemente sobre la libertad que poseemos como derecho. Es doloroso pero también feliz…saber que al cansado cuerpo de Néstor Kirchner le encantaría tener 20, 30 años, o estar vivo un rato más siquiera; para poder defender lo común a todos en un proyecto que organice el porvenir. Gracias Néstor, de verdad.



3 comentarios hasta ahora

  1. ¡Sigue vivo!

  2. Excelente !!

  3. :)

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