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Los mendocinos Laura Montero, Adolfo Bermejo, Cleto Cobos rechazan los derechos de putos y tortas a casarse

Jul 13 2010 Publicado por martín santos en activismo,argentina

La cosa es que, por azar, hay mendocinos por ahí decidiendo. O sea, la composición del Senado Nacional incluye, entre otros, a mendocinos. A estos no les gusta que un puto o una torta sea igual a ellos. A la senadora Laura Montero, al Vicepresidente Julio César Cleto Cobos, al Senador Adolfo Bermejo…no les gusta que los putos y las tortas puedan ser libres y educar un niño, tener derechos iguales a todos, casarse, ser ciudadanos, etcétera. Sí están de acuerdo con hacer un contratito (Proyecto de Unión Civil) así no más para no dejarlos en banda (vamos que no son del todo tontos, saben que el diez por ciento de la población es gay y aunque putos, votan) para marcar las diferencias entre ellos y los putos y las tortas. Y arriesgar a ver si con esto se quedan contentos, ese papel para que diga que son casi personas.

El acto reflejo de Montero, Bermejo, Cobos viene de su herencia religiosa. Gente profesional, que se ha formado en la estructura del pensamiento metódico, se substrae a los argumentos esotéricos a la hora de definir por lo diferente. Por las dudas obedecen al cura del barrio, al capellán del liceo militar, al amigo del Opus. Al cura le horroriza que Rubén se abrace a Darío. Corre un escalofrío por su espina dorsal cuando piensa en los brazos fuertes abrazados, una boca masculina besando otra boca masculina con cariño. El cura se retuerce en la silla, de los nervios y la envidia, si piensa en una pareja de mujeres independientes que deciden tener un hijo sin pensar en la autorización de un hombre, de ninguno. Al cura, sin saber bien por qué, le parece mal que esto suceda. No está seguro pero la intuición que confunde con fe le dice que esto es hambre para mañana, que se cae el dibujo de la familia tipo y no es poco cuando se vive de eso. Que no habrá manera de seguir con el mismo laburo, y qué hacer después de haber seguido toda una vida la vía divina si ahora tiende a acabarse…Lo ridículo del aporte del catolicismo en el debate es que gente que viola niños dice defender los derechos de los niños, gente que a veces acepta que se viole un niño dice estar preocupadísima porque los niños pueden tener distorsionada sus referencias.

Entonces los mendocinos damos la nota nuevamente. Me tortura esa idea: por qué últimamente los mendocinos, algunos, vienen teniendo un protagonismo exacerbado para decidir cuestiones sensibles a la opinión pública: derechos de las minorías, temas simbólicos de estado, desempates acalorados. Ahora el senador nacional Adolfo Bermejo no votó en la comisión de asuntos generales a favor del proyecto que le entregaba derechos a casarse a gente de un mismo sexo. Laura Montero, la senadora nacional, presentó un proyecto de Unión Civil completamente inconstitucional que las comunidades que defienden el proyecto de plenos derechos acusan de barbaridad: no sólo no reconoce los derechos sino entre otras barbaridades sugiere la opción de libre elección para los empleados administrativos que no quieran casar a los putos o las tortas. O sea dice, sí júntense pero no son personas de primera, son una especie de… some kind of…algo así como…Porque bueno, no hay nada que asuste más a un conservador de provincia como Montero, Bermejo, Cobos, que reconocer que los putos o las tortas tienen igualdad de derechos con ellos. No hay nada peor para un provinciano miope que ver dos Fabianes besándose en algún lugar. Poco importa luego la discusión, los conservadores mendocinos Montero, Bermejo, Cobos, votan con la panza del asco, el rechazo necio de los reaccionarios, y hacen chistes entre ellos sobre qué político también es puto, y se ríen un poco (no se ríen mucho en general porque el mendocino conserva no es alguien especialmente alegre) de lo que esconde en ese traje el político loca que tapa las plumas para parecerse a ellos, y le sale mal y se muere de vergüenza de la mirada del conserva menduco. Para un provinciano orgulloso como Montero, Bermejo, Cobos, es distinto ser distinto, no pueden pretenderse sujetos de pleno derecho los que elijen ser puto o torta. Si es así, si no queda otra, se puede ser puto o torta pero a escondidas, como se viene siendo en las provincias desde siempre, esconderse, meterse en el seminario y desquitarse con un niño carente de afecto a las apuradas en un retiro espiritual; o tener un matrimonio de fachada y a la madrugada escaparse después de mentirle a la Bruja y meterse en la cama de otro señor con culpa. Nada de casarse, nada de hijos, cómo se verían los niños de la mano de dos señores o de dos señoras ¿Cómo impedir, de aprobarse esta ley, que los putitos o las tortitas ya no se escondan de ninguna manera y que se muestren orgullosos de su condición enferma?

El puto o la torta de provincia es mejor que se esconda, o que salga a la luz ridiculizado. Loca total, loca al máximo. Así existen en la provincia de Mendoza de Montero, Bermejo, Cobos. Hay fiestas de la vendimia gay, donde los putos y las tortas se ridiculizan a sí mismos y se ríen de todos. Ser puto se acepta, con la condición de ser peluquero, bailarín, coreógrafo, modisto, cura. Se tolera, siempre que se aísle apropiadamente como gay. Nada de mezclarse. Nada de llevar los hijos a la escuela de la mano junto a la gente normal. Eso es un oprobio para el provinciano. Para todos los provincianos vivan donde vivan. Ese gesto de deprimirse en el taxi desde el aeropuerto por el país mersa en el que vivimos es ser provinciano. Pensar en qué van a decir de nosotros afuera, es provinciano. Avergonzarse por opinar, es provinciano. Quejarse y sólo quejarse, es provinciano. Tener miedo de los putos y las tortas, es provinciano. La derecha es provinciana. Macri lo es, también Gabriela Micheti es provinciana, cuando miente, cuando habla con Bergoglio y queda en convencer a Mauricio que no apruebe la unión civil homosexual. Los putos y las tortas escondidos por la vergüenza, es ser provinciano. Los políticos que son gays y votan en contra una ley que íntimamente desean, es muy provinciano. Un cura violando un monaguillo humilde, es provinciano también. Los animales que hablan en la tele con frases reaccionarias, son provincianos.

Bergoglio el embajador de dios en Argentina, dice que es necesaria una Guerra de Dios contra el Padre de la Mentira (el diablo) quien sería el promotor de esto. Bergoglio no detecta al demonio cuando entregó a otros curas a los militares en los setenta, pero sí ahora, tiene miedo el cardenal, miedo que sus empleados los curas se sientan tentados de dejar de vivir la ficción esotérica de lo religioso. Se va a quedar sin mano de obra si la cosa sigue en pie, ni familia, ni derechos sacramentales para casarse, ni putos en el seminario para sublimar sus pulsiones carnales.

Más allá del invierno que nos toca. De Montero, Bermejo, Cobos, asustados en su provincianismo de lo puto o torta que puede ser la gente…hay avances frente a los cuales no hay retroceso. Los brutos brutos que esgrimen los clichés insostenibles sobre la destrucción de la familia mascarán en silencio la bronca de tener que vivir en la misma sociedad que el beso de Rubenes y Mauros, Carolinas y Andreas. O sea, la tienen adentro.

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