Los últimos días del año en Mendoza se organizó la proyección en una plaza pública de Animarte, una serie de cortos de animación al aire libre. La muestra de cortos era una Muestra Mundial de Cine de Animación, los cortos eran lo parecido de siempre, efectos brillantes de colores algo ocurrentes que juegan con gracia con alguna herramienta de las muchas que hay para conseguir un efecto de pocos minutos un poco atractivo.
En la plaza se reunió un público heterogéneo: familias, adolescentes, padres solteros, gente sola. Un mosaico de la gente que habita la ciudad de Mendoza y sus inmediaciones a tiro de moto 50cc. El hombre moderno debe lidiar con su fobia agorafobica para ir a un evento así, no es algo mundano poder tolerar personas a centímetros, CENTIMETROS!!!!!!, de nosotros, con perros potenciales transportes de virus y bacterias, niños gritando y corriendo entre las piernas de todos, adolescentes compartiendo un cigarrillo. Sin embargo ahí estábamos todos, unas 5000 personas, alrededor de 100 perros, y los 50 patos que viven sobre el lago donde estaba la pantalla con los 25 cortos.
Tuve que tolerar cerca mío los comentarios de unos adolescentes: QUE VOLADOOO, decían sobre un pollo que volaba gracioso, QUE VOLADOOO, sobre unos engranajes bailando un bals, QUE VOLADOOOO, sobre un robot caja que persigue e imita un televisor. Después que superé mi odio al prójimo por tamaño comentario redundante y obvio sobre la complejidad poco honda de los cortos modernos, entendí qué decía. Cada vez que el adolescente monocorde nos bautizada a los de alrededor con un QUE VOLADDOOOO, nos quiere decir: me sorprende como otras costumbres pueden desafiar las maneras en como yo leo el mundo, estoy sintiéndome provocado por las maneras (la construcción simbólica) que usa la producción no masiva para construir un relato y definir su estética, esto corroe las barreras de mi esfera cultural que he construido para aislarme del mundo, y de alguna manera me hace más tolerante y abierto a lo diferente.
Porque a los jetones como yo, acomodados de la era digital, no nos conmueve que un diseñador francés haya usado una herramienta de animación logrando una reacción en el público, eso ya lo tengo visto digo mientras me miro mis Jhon Foos recién ensuciadas por un diseñador de Palermo Texas. Pero ese adolescente, ese Hombre Normal de fines del 2008 en Mendoza posiblemente necesita trabajar y disponer de su energía diaria para percibir un salario escaso que lo deje moverse en alguna dirección (con muchas postergaciones y esfuerzos hacia arriba) y luego, claro, recuperar esa energía cuando llega a su casa para después despertarse e ir a trabajar de nuevo. En fin, que para que ese muchacho se decida a tener una conexión de banda ancha y una computadora y postergar el tiempo que necesita para conciliar las energías que usa para poder comer…bueno que le importa muy poco invertir tiempo, dineros y energía en detectar patrones estéticos y formar una opinión acerca de lo novedoso de los relatos modernos y la estética que se usa en otras latitudes y otras longitudes para expresar cosas, a veces graciosas, a veces entretenidas, rara vez no efímeras, pero siempre diferentes a LA LATA a la que sus ojos están acostumbrados. Desafía sus costumbres estéticas, atraviesa la burbuja que ha creado para sobrevivir.
Una idea para algún ministerio de Cultura, de Turismo, de Culto, de Economía…da igual todo se mezcla en un escritorio pequeño: Un aporte eficaz para promover cultura es exportar otras formas de relato, exportar y disponer amablemente a un publico que no consume otras expresiones, de relatos más excéntricos, más complejos, distintos. El mismo enriquecimiento que produce viajar o indagar en otras culturas, enfrentar el corte que despierta entender que hay mundo más allá del alcance de la vista y que existen otras maneras de conjugar todo y de expresarlo. Quizás sea una idea interesante, o rentable (esto de rentable le va a interesar a algún funcionario que la esto) porque puede no ser muy caro comunicar las diferentes micro esferas en las que se mueven las minorías de una misma ciudad, enfrentar simbolismos algo elaborados a gente que no puede acceder a ello aunque esté conectada, aunque tenga teléfono, aunque coma. Una forma de acercar personas diferentes, muy diferentes, tanto como si no fuesen contemporáneos o vecinos de una misma ciudad.