Bernann McKinney tuvo un perro, Booger. Un perro. Que entró en sintonía con ella inmediatamente y la ayudó a recuperarse de un accidente que Bernnan tuvo. Booger era un buen perro, y un día vivió la edad de senectud de los perros y le diagnosticaron la multiplicación caótica de las células de su cuerpo: cáncer.
La buena de Bernann no pudo soportarlo, se negó a ver perder su Booger para siempre. Y se decidió a clonar su perro, vendió su casa por 150,000 U$S y clonó a Booger con unos científicos masomenos que te clonan los perros
Ella quiso creer que el perro aprobaba su decisión:
‘Cuando Booger estaba muriendo, sus ojos me miraron…y él me dijo con sus ojos: No estés triste, porque yo voy a verte de nuevo’
Y clonó 5 Boogers, por las dudas
Y ya la veo…mamá soy clonado?
Y se escucha la risa de Kubrick…allá donde duermen los que atentan contra el presente
(Vía Wired)

