12 Jul, 2008
Nicholas Carr, La incapacidad para leer gracias a Google. El hombre es la cosa que él usa
Entrada por: martín santos En: internet
—Tienes razón —repuso Nietzsche—, nuestro equipo de escribir participa en la formación de nuestros pensamientos.
Esta frase adjudicada a Nietzche viene del artículo de Nicholas Carr, Nos Hace Google estúpidos? (en español acá) Un artículo para imprimir y discutir por la cantidad de temas que abarca. Es una discusión lúcida sobre la tecnología y la transformación que produce en sus usuarios. Una especie de continuación, de actualización, a Marshall MacLuhan y su tesis, arriesgadísima para la época, de sostener que los medios de comunicación de masas transforman el cerebro, y por lo tanto a nosotros.
El artículo es excelente y merece ser leído entero, plantea una duda que seguramente muchos sufrimos como un mal de la histeria de la información proveniente en Internet: cada vez cuesta más leer un relato, una ficción, un texto largo cualquiera. La paciencia del lector de Internet se acostumbra a los tiempos de Internet, donde todo es corto, efectista, dinámico. Un pie de página es ya poco gracioso si no linkea. La explicación para esto según Carr, es que el cerebro es plástico, incluso de las personas mayores; puede adquirir determinadas habilidades o recorridos que luego reconoce. Y listo. Entonces nos estupidizamos de lectura errática y no pensamos más.
Somos Smith
El cerebro se transforma de acuerdo a la tecnología que usa el hombre, y uno ve lo que ve por la forma en que lo ve. Somos Smith y no Neo. Somos la Matrix. Algunos se nos escapan pensando, ya van a desaparecer.
Cuando en la antigüedad para entender algo se lo relojizaba era porque la vida se miraba a través de los ojos de la relojería. Después en la era industrial, todo funcionaba con fuerza mecánica. Hoy todo es software, e intentamos entender todo desde ahí: somos pequeños computadores químicos que portan memes y se los pasan en red.
Cada vez que el hombre creía ver en el cielo engranajes, mecánica, o software, en todas tuvo razón. El hombre es la cosa que él usa.
Google y acá Carr lo hace como nadie, aportando un punto de vista para entender qué es lo más grave del Google System:
El sistema de Taylor sigue en gran medida con nosotros: sigue siendo la ética de la manufactura industrial. Y ahora, gracias al creciente poder que los ingenieros en computación y codificadores de software ejercen sobre nuestras vidas intelectuales, la ética de Taylor comienza a regir también la esfera de la mente. Internet es una máquina diseñada para la recolección, transmisión y manipulación automatizada de información y sus legiones de programadores están concentrados en encontrar el “mejor método único” —el algoritmo perfecto— para llevar a cabo cada movimiento mental de lo que hemos llegado a describir como “trabajo de conocimiento” (…) “Mientras más sean las piezas de información a las que uno pueda “acceder” y mientras con mayor rapidez podamos extraer lo esencial de ellas, más productivos nos hacemos como pensadores…”
Lo que Taylor hizo para el trabajo manual, Google lo está haciendo para el trabajo de conocimiento (o trabajo sentado).
lo que sé/lo que no sé
Estaba pensando en un acertijo viejo: cambiarías todo lo que no sabés por todo lo que sabés? La respuesta inteligente es: sí, claro. Sé muchas menos cosas que las que desconozco. PERO!!! no es importante lo que uno sabe? No son los recuerdos de las personas las maneras que desarrollamos para poder entender el mundo?
Una de mediología: Sin semiosfera vivir sería insoportable, sin simbolismo ni abstracciones que nos ayuden a entender el mundo no sería posible vivir porque todo se nos confundiría. La selección, las dos o tres porquerías que sabe hacer uno, es lo que nos define.
Respuesta: no, no cambiaría todo lo que no sé por todo lo que sé:
De todos modos, su suposición fácil de que estaríamos “mucho mejor” si una inteligencia artificial complementara, o incluso sustituyera, nuestros cerebros resulta inquietante. Ésta indica una creencia en que la inteligencia es producto de un proceso mecánico, una serie de pasos discretos que es posible aislar, medir, optimizar. En el mundo de Google, el mundo en que entramos al entrar en línea, hay poco espacio para la falta de claridad de la contemplación. La ambigüedad no es una apertura para la visión, sino una falla que debe arreglarse. El cerebro humano es sólo una computadora anticuada que necesita un procesador más rápido y un disco duro mayor.
La mayoría de los propietarios de Internet comercial tienen interés financiero en recopilar los mendrugos de datos que dejamos atrás cuando revoloteamos de enlace en enlace… mientras más mendrugos, mejor. Lo último que desean estas empresas es fomentar la lectura pausada o el pensamiento concentrado, lento. Es interés económico suyo llevarnos a la distracción
Pero, de nuevo, la Red no es el alfabeto y aunque pueda sustituir a la imprenta produce algo por completo diferente. El tipo de lectura profunda que promueve una secuencia de páginas impresas es valiosa no sólo por el conocimiento que adquirimos de las palabras del autor, sino por las vibraciones intelectuales que esas palabras desencadenan en nuestras propias mentes. En los espacios de calma abiertos por la lectura sostenida, sin distracción, de un libro o, si a eso vamos, por cualquier otro acto de contemplación, realizamos nuestras asociaciones, trazamos nuestras propias inferencias y analogías, promovemos nuestras propias ideas. La lectura profunda, como afirma Maryanne Wolf, es indistinguible del pensamiento profundo.
Claro los Google`s lo van a lograr, su buscador va a pensar como humanos porque se nivelará para abajo, pensando todos como máquinas:
En el mundo de 2001 (se refiere a la película 2001: Odisea en el espacio), las personas se han hecho tan similares a máquinas que el carácter más humano resulta ser la máquina. Esa es la esencia de la oscura profecía de Kubrick: según confiemos en las computadoras para mediar nuestra comprensión del mundo es nuestra propia inteligencia la que se aplana hasta convertirse en inteligencia artificial.
- The Big Switch, el último libro de Carr.
- Uberbin hablaba la semana pasada de algo parecido, de la COEvolución
- El blog de Nicholas Carr
